La escalada del conflicto en Oriente Medio ha vuelto a tensionar los mercados energéticos internacionales. Aunque pueda parecer un conflicto lejano, su impacto en Europa y, especialmente, en España es directo, trasladándose a los precios del gas y, en consecuencia, a la electricidad. Para las empresas, esto implica operar en un entorno donde la volatilidad deja de ser puntual y pasa a ser estructural, afectando la previsión y los costes.
El sistema eléctrico europeo sigue condicionado por el gas, lo que hace que cualquier tensión geopolítica impacte en el precio de la electricidad. Sin embargo, desde Conecta2 energía detectamos que el mayor problema no es solo el precio, sino la incertidumbre. Cuando las empresas no pueden anticipar su coste energético, se reducen los márgenes y se complica la planificación. La energía deja de ser un coste controlado y se convierte en un riesgo.
Muchas empresas siguen gestionando la energía como un gasto fijo, cuando en realidad se ha convertido en una variable estratégica. El principal riesgo no es pagar más en momentos puntuales, sino no tener herramientas para reducir la exposición al mercado.
Este contexto confirma un cambio estructural. La energía debe gestionarse con el mismo nivel de atención que otras áreas críticas del negocio. Llegados a este punto, podemos analizar las medidas gubernamentales adoptadas para amortiguar este impacto, pero también queremos proponer claves que pueden asumir las empresas para navegar mejor esta crisis.
Medidas del Gobierno en 2026 para reducir el impacto energético
Por un lado, el Real Decreto ley 7 de 2026 introduce medidas para mitigar este impacto y mejorar la estabilidad del sistema. Entre ellas destacan la reducción del IVA de la electricidad al 10% para determinados suministros, la rebaja del Impuesto Especial de Electricidad al 0,5% y la flexibilización de la potencia contratada hasta finales de 2026. También se impulsa la electrificación de procesos, el autoconsumo colectivo ampliando su alcance y el desarrollo del almacenamiento energético.
Estas medidas aportan alivio, pero su efecto es limitado sin una gestión energética activa por parte de las empresas.
Que deben hacer las empresas para reducir el impacto energético
Las empresas que mejor encararán esta crisis son aquellas que gestionan activamente su energía. Esto implica optimizar contratos, ajustar potencias y tomar decisiones informadas sobre la compra energética. Dentro de estas soluciones, el autoconsumo se consolida como fundamental para reducir la dependencia del mercado y estabilizar los costes.
Además, el almacenamiento energético y la optimización del consumo sigue siendo una gran oportunidad. A través del análisis de datos es posible detectar ineficiencias y reducir consumo sin grandes inversiones, convirtiendo la energía en una variable controlada.
La situación actual no es puntual, sino una tendencia. Más volatilidad, mayor complejidad y un papel estratégico creciente de la energía. Por eso, consideramos que las empresas que gestionen su energía de forma activa no solo reducirán costes, sino que mejorarán su competitividad.

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